POLÍTICA Y VIRTUD EN EL SISTEMA EDUCATIVO ANDALUZ

La asignatura de Religión en la escuela no es una rara avis de un supuesto país atrasado. Es una realidad normalizada en la amplia mayoría de países europeos.

En las pasadas Jornadas organizadas por el Consejo Escolar de Andalucía bajo el título Presente, pasado y futuro de la educación en Andalucía, el profesor Carabaña Morales, desde la atalaya de una vida dedicada al análisis del sistema educativo, nos regalaba una fórmula simple pero no por ello menos poderosa, que pedía prestada a Platón, para solucionar los retos presentes y futuros de la educación. En definitiva, citando al filósofo y también politólogo griego (ahora que está tan de moda ese oficio), señalaba que una sociedad necesitaba no solo instituciones virtuosas, sino también ciudadanos virtuosos. Para solucionar los problemas de nuestro sistema educativo, recomendaba que cada cual hiciese su trabajo: que los profesores, los alumnos, los padres y, cómo no, los políticos hiciesen lo que tenían que hacer.

Pese a que todos los sectores claman por una consenso educativo o Pacto de Estado en materia de educación, el Gobierno andaluz, aprovechando la puerta abierta que le dejó el Gobierno de la nación, no tiene cosa mejor en que entretenerse que profundizar en el «verdadero» problema que debe tener el sistema público andaluz: la clase de religión. En efecto, no hay nada como tomar los viejos banderines de enganche ideológicos que sirvan para polarizar y enfrentar a la comunidad educativa y a la sociedad. Así, cojamos el toro por los cuernos, enfrentemos el verdadero problema de nuestro sistema educativo en los Informes PISA, afrontemos el verdadero problema de la crisis moral o de valores que existe en nuestra sociedad: rebajemos la asignatura de religión y su alternativa de valores sociales de 90 a 45 minutos semanales.

La bondad de esta medida o de su contraria podría ser discutible en el plano de las ideas pero lo es menos en el plano de la realidad. Máxime si tenemos en cuenta que en Andalucía la asignatura de religión, que hay que recordar que es voluntaria, es elegida libremente por las familias de 489.556 alumnos/as de los 566.132 alumnos/as que escolariza el sistema educativo andaluz en primaria. Sí, hagan la cuenta, el 86,5%. ¿Parece poco virtuoso, verdad? En el sistema democrático que nos hemos dado, una decisión sobre la educación de los hijos que concite un apoyo explícito, y año tras año, del 86,5% no es baladí. Es más, debería remover las conciencias de los representantes políticos hasta hacerse cuestionar si se está legislando a favor del interés general o en contra del mismo. Mueve a cierto sonrojo escuchar a responsables políticos del ámbito educativo hacer una encendida defensa del concepto integral del proceso educativo para defender la presencia de la filosofía, las humanidades o la educación artística en el currículo para, a continuación, denostar la formación religiosa y, por ende, su alternativa de valores cívicos defendiendo su expulsión del currículo escolar.

Es obvio que los motivos son ideológicos, aunque resulte difícil entender que tales motivos se arguyan contra el 86,5% de la población. Quizá sea difícil de entender porque sea inexplicable basar esta decisión en tales motivos. Y esto porque, obviamente, entre ese porcentaje de población hay votantes de todas las sensibilidades políticas y filiaciones sociales y hasta sindicales, a no ser que alguien quiera sostener su base electoral sobre el exiguo 13,5% restante. Es una muestra clara para todos, también para la Iglesia, de que en Andalucía se puede conjugar perfectamente la fe y las simpatías políticas más diversas muy por encima del pensamiento y las políticas de sus representantes. No cabe aquí, pues, recurrir al manido laicismo excluyente que pretende reprimir las creencias religiosas al ámbito de lo privado, como si las mismas no tuvieran una expresión externa en multitud de facetas cotidianas. La laicidad predominante en el contexto europeo es aquella respetuosa con las creencias de sus ciudadanos, también en el sistema educativo. La asignatura de la religión en la escuela no es un rara avis de un supuesto país atrasado, con lastres clericales, como se nos quiere hacer creer. Es una realidad normalizada en la amplia mayoría de países europeos. Negar la faceta religiosa, trascendente, de la persona o relegarla a una realidad individual solo conduce a una represión de una realidad inherente al desarrollo madurativo de una amplia mayoría de la población o al desarraigo cultural de la misma.

La decisión tampoco puede apuntarse al socorrido argumento del ahorro económico, pues rebajar el horario de la asignatura a la mitad no ahorrará un solo euro a las arcas andaluzas, toda vez que la retribución del profesorado de religión en primaria corre a cargo de la Administración estatal.

Resulta difícil, siguiendo a Platón, encontrar la virtud en esta decisión que niega el derecho constitucional que tienen los padres a educar a sus hijos en sus convicciones y la obligación de la Administración de garantizar esa educación (art. 27.3 C.E.); que niega a 489.556 alumnos una formación religiosa y en valo-res de calidad y que puede afectar a un colectivo de 2.700 profesores de religión en Andalucía.

Parece que lo verdaderamente virtuoso es respetar las creencias de los ciudadanos, sus decisiones voluntarias, los preceptos constitucionales y los pactos internacionales de los que España es parte.

El Gobierno andaluz aún tiene la oportunidad de obrar con virtud, en beneficio del interés general. Los Obispos de Andalucía así se lo han solicitado a la presidenta. ¡Que no quede esto en una ilusión platónica!

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JOSÉ RAFAEL RICH RUIZ

Secretario técnico de Enseñanza de los Obispos del Sur

Fuente: abcdesevilla.es/opinion (6-2-15) Vía reca.diocesismalaga.es

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